En un ambiente de alegría y reflexión, el equipo que da vida al Colegio Miguel Antonio Salas se trasladó el pasado viernes 17 de abril a la posada Doña Juana, en Sabana Grande, para vivir una jornada de encuentro humano titulada “El Arte de Servir y Unirnos”.

La actividad, que congregó al personal directivo, docente, administrativo y de apoyo, fue diseñada para fortalecer los vínculos internos y renovar el compromiso con la misión educativa. La jornada contó con la guía espiritual del presbítero Javier Arismendi, capellán del colegio, y la coordinación de la profesora Ana Matilde Guerrero, responsable del área de pastoral.

Dinámicas para el acercamiento y la reflexión
El encuentro rompió el hielo con una dinámica de globos que buscó el acercamiento físico y emocional entre colegas. A través de instrucciones que invitaban al abrazo y al reconocimiento del otro, se sentaron las bases de una jornada marcada por la empatía y la ruptura de barreras cotidianas.
Posteriormente, el equipo profundizó en la parábola de “La Luz del Mundo”. En este espacio, se resaltaron valores fundamentales para la labor diaria:
- Disponibilidad y entrega.
- Dedicación y esfuerzo compartido.
- Capacidad de inspirar y «contagiar» positivamente a quienes nos rodean.

«A veces nos enfocamos demasiado en el punto negro, olvidando resaltar lo positivo que cada persona aporta», se reflexionó durante la actividad, haciendo un llamado a transformar las debilidades en fortalezas colectivas.
Compromiso de familia y cierre fraternal
La enseñanza central, dirigida por el Padre Arismendi, se enfocó en el servicio genuino. Se hizo especial énfasis en la prudencia, la confianza y la confidencialidad como pilares para acompañar tanto a los estudiantes como a los compañeros, bajo la premisa de ser una gran familia que da testimonio con amor y cercanía. Se instó a todos a sentir un orgullo profundo por la institución, refiriéndose siempre a ella como “nuestro Colegio Miguel Antonio Salas”.

Para sellar este día de renovación espiritual y profesional, los asistentes compartieron un sabroso almuerzo en las instalaciones de la Posada Doña Juana. El resto de la tarde transcurrió entre risas y esparcimiento, permitiendo al personal disfrutar de las áreas verdes y las comodidades del lugar.
Este cierre recreativo permitió consolidar lo aprendido en un ambiente relajado, reafirmando que la unión y el bienestar del equipo son la base para continuar brindando una educación de calidad con corazón.