En un ambiente de recogimiento, gratitud y fraternidad, la familia educativa del Colegio Miguel Antonio Salas se dio cita este jueves en la capilla del sector Fátima para celebrar una Eucaristía especial con motivo del Día del Trabajador.

La ceremonia contó con la participación plena de la institución: personal directivo, administrativo, obreros, docentes y estudiantes, quienes se unieron para honrar la labor diaria que dignifica al ser humano y construye el futuro de la sociedad.
Un mensaje de igualdad y servicio
La homilía, dirigida por el padre Javier Arismendi, capellán de la institución, estuvo marcada por un profundo sentido humanista. El padre Arismendi invitó a los presentes a reflexionar sobre la naturaleza del trabajo, no solo como una carga o una obligación, sino como un acto de amor y servicio al prójimo.
«Nadie es más que el otro. Como lo dijo Jesús: todos tienen que servir», enfatizó el capellán, recordando que la verdadera grandeza reside en la humildad.

Uno de los momentos más emotivos de la celebración fue cuando el padre Arismendi interactuó con los estudiantes, instándolos a repetir con convicción la frase: «Yo debo ser un servidor», sembrando en los más jóvenes la semilla de la colaboración y el desprendimiento.
El valor del trabajo en el hogar y el campo
El mensaje también rindió un tributo especial a las familias. El presbítero destacó el rol fundamental de los padres y, muy especialmente, de las madres, cuyo trabajo —muchas veces invisible— es el pilar del hogar.
- En el hogar: Reconoció la labor de las madres que organizan la vida diaria, preparan alimentos y útiles, asegurando el bienestar de sus hijos.
- En el campo y la oficina: Honró a aquellas mujeres que salen día a día a labrar la tierra o a cumplir funciones administrativas, demostrando una fortaleza incansable.
Siguiendo el ejemplo de San José
Para finalizar, se recordó la figura de San José como el modelo del trabajador honesto y silencioso. La comunidad del Colegio Miguel Antonio Salas cerró la jornada con el firme compromiso de erradicar la altanería en los espacios de trabajo, bajo la premisa de que, ante los ojos de Dios, todos somos iguales y todos somos servidores.
Con esta celebración, la institución reafirma su misión de formar no solo excelentes académicos, sino ciudadanos con sensibilidad humana que entiendan el trabajo como una herramienta para el bien común.

